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LA PASIÓN Y LA BARBARIE
Ya quedan pocos supervivientes, ya son pocos los testimonios vivos
del Holocausto en que los nazis sumieron a todo un pueblo: el judío.
Hoy, muchos de aquellos que sufrieron en sus carnes la barbarie
de la intolerancia, miran hacia otro lado ante el sufrimiento de
otros pueblos, otras razas. Por ello, de vez en cuando conviene
recordar, no sólo a los que fueron verdugos o, simplemente,
permanecieron indiferentes, sino también a quienes fueron
víctimas y, hoy en día, ejercen de opresores, lo que
hace poco más de medio siglo aconteció en nuestra
vieja y maltratada Europa.
Roman Polanski, autor maldito en la aburguesada Hollywood, personaje
perturbador y polémico, se reencuentra con sus orígenes,
a través de los ojos y las manos del genial músico
Wladislaw Szpilman, para, en un ejercicio de memoria singular, a
la par que sobrio en su formalismo, cien por cien academicista,
reinventar la historia de quienes sobrevivieron, de quienes incluso
lucharon y resistieron, de una u otra manera, frente al perverso
plan que Hitler les tenía deparado.
Cierto es que Polanski cae a menudo en ciertos clichés del
ˆllamémoslo así- género (las ejecuciones aleatorias,
la constante burla por parte de los verdugos, etc.), pero, al mismo
tiempo, aporta ciertas ideas, quizás no originales, pero
sí poco utilizadas, como el hecho de reproducir la eterna
lucha de clases en el microcosmos del gueto judío, aunque,
al final, todos (ricos y pobres) acaben compartiendo idéntico
destino, así como la postrera afirmación filantrópica
de la bondad del individuo frente a la consigna social del exterminio,
quedando esto último, claramente ejemplificado en la figura
del alto mando alemán que, ante la perspectiva de una pronta
derrota, antepone su pasión por la música a su siniestra
misión.
El mensaje nos llega claro, convincente, gracias sobre todo al
tremendo esfuerzo de su protagonista (un formidable Adrien Brody),
que logra transmitir con toda su fuerza y carisma la personalidad,
la entrega y el afán de vivir del artista (impagable la escena
que ensaya sobre el piano sin golpear las teclas), acompañado
de un sensacional reparto formado, en su mayoría, por actores
y actrices apenas conocidos, pero que saben dotar de credibilidad
a sus personajes.
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Lástima
que el conjunto quede limitado por la evidente falta de riesgo en
la realización (modélica, en todo caso), como si,
por una vez, Polanski (quien nos tiene acostumbrados a los saltos
sin red) quisiera apostar sobre seguro, tal vez tentado de regresar
triunfalmente a la Meca del Cine, años después del
escabroso episodio personal que le obligó a huir, echando
pestes, de ella.
EN RESUMEN: Recomendable para estómagos fuertes y espíritus
comprometidos.
Lo mejor: El abierto (y nada ofensivo) sentido del humor
de algunas secuencias
Lo peor: Que ciertos apuntes críticos con la actitud
de los judíos quedan demasiado disimulados en la autocomplacencia.
ARGUMENTO
Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco y judío,
escapa de la deportación. Obligado a vivir en el corazón
del ghetto de Varsovia, comparte el sufrimiento, la humillación
y los esfuerzos. Consigue escapar y se esconde en las ruinas de
la capital, donde un oficial alemán acude en su ayuda y le
ayuda a sobrevivir.
FICHA ARTÍSTICA y TÉCNICA:
ACTORES: ADRIEN BRODY, THOMAS KRETSCHMAN, FRANK FINLAY, MAUREEN
LIPMAN, ED STOPPARD, JULIA RAYNER, JESSICA KATEMEYER
TÍTULO ORIGINAL: THE PIANIST
GÉNERO: Drama
DURACIÓN: 144
PRODUCCIÓN: ROBERT BENMUSSA y ALAIN SARDE
DIRECCIÓN: ROMAN POLANSKI
GUIÓN: RONALD HARWOOD
Sección moderada por
Hugo Flores
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