| TROYA* * *
de Wolfgang Petersen
LA INMORTALIDAD
Hace
más o menos quince años tuve el inmenso placer de
disfrutar de una de las más hermosas, épicas y trascendentales
obras de arte de la literatura universal, el prodigioso poema que
Homero escribió acerca del legendario asedio y destrucción
de Troya por el todopoderoso ejército griego. Una gigantesca
oda, comparable en grandeza a La Biblia, que narraba con inigualable
belleza aquellos hechos, así como los avatares de Aquiles,
héroe semidiós, hombre de extraordinaria fortaleza,
apátrida, guerrero de mil y una batallas, todas ellas vencidas,
cuyo mayor anhelo en la vida era alcanzar la inmortalidad, pero
no la de los dioses, a los que despreciaba, no la de la estirpe
de los reyes, a quienes no rendía pleitesía, sino
la de quienes obtienen la gloria, ese eco en la eternidad que le
es negado a la inmensa mayoría de los humanos. Esa obra es
La Iliada, y sirve de base, junto con otros clásicos griegos,
como La Odisea, del propio Homero, o La Eneida, de Virgilio, para
una de las mayores producciones de Hollywood de los últimos
tiempos.
Lo primero que hay que decir es que, si bien muchos de los personajes,
así como la línea argumental principal, se ajusta
al original literario, mucho de cuanto acontece en el film poco
o nada tiene que ver con lo escrito, sino que se ajusta más
a la mentalidad del espectador medio actual, ávido de espectáculo,
pero también de historias que le conmuevan y no desafíen
en exceso su capacidad de entendimiento. En este aspecto, más
lúdico que intelectual, Troya, de Wolfgang Petersen, a quien
debo una de mis películas de cabecera: la insólita
El Submarino, constituye todo un acierto, pues, sin desvincularse
del todo del referente literario, abre la historia, haciéndola
fácilmente asimilable por el gran público, lo cual
garantiza un importante rédito comercial, e incluso (tal
vez, involuntariamente) deja entrever una cierta carga política,
un halo de antibelicismo militante (ya presente en el original),
muy adecuado a los tiempos que corren (la excusa del rapto de Helena
(bellísima, aunque insulsa, Diane Kruger) para invadir Troya
como desagravio, recuerda poderosamente a la falacia de la presunta
guerra contra el terrorismo y las armas de destrucción masiva,
desgraciadamente, tan de actualidad), lo cual puede favorecerla
en otros ámbitos, pues contribuye a matizar su imagen de
producto de consumo puro y duro.
Lástima que en otros aspectos no se haya atrevido a dar un
paso adelante. Me refiero, por ejemplo, a la pudorosa ocultación
de la homosexualidad, tanto del protagonista principal, como de
sus compañeros de andanzas. No sólo se esconde (tan
sólo una breve secuencia con Ulises deja entreverla), sino
que trata de maquillarse sacándose de la manga a una supuesta
prima de Héctor, gran rival en la batalla, de la que nuestro
héroe se enamora. Un desacierto que, sin embargo, el director
sabe encajar sin echar a perder el conjunto de la historia, lo cual
tiene su mérito.
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Tampoco
juega a su favor la escasa información que aporta sobre la
figura de Aquiles, el origen de su fortaleza y, al mismo tiempo,
de su debilidad, el motivo de su rebeldía contra toda forma
de sumisión, la causa de su colérica personalidad,
todos ellos datos que el lector conoce, pero que el espectador virgen
sólo se aproxima a intuir superficialmente.
Más éxito obtiene, en cambio, en el certero retrato
del príncipe Héctor (estupendo Eric Bana), hombre
amante de la Paz que se ve abocado por la torpeza de su hermano
Paris (un más bien flojo Orlando Bloom) a una guerra sin
sentido y a un destino, no por aceptado, menos temido. Así
como el de Príamo, su padre (Peter O’Toole), cuya personalidad
refleja las profundas contradicciones de un rey, guía y protector
de su pueblo y amante de sus hijos, dos facetas que en circunstancias
puntuales entran en conflicto.
Por
lo demás, resaltar la correcta (sin ser brillante) interpretación
de Brad Pitt, el buen oficio de Sean Bean en el papel de Ulises
y, cómo no, el monumental despliegue de decorados, vestuario
(un tanto anacrónico para la época en que sucede la
epopeya) y efectos visuales en la onda de El Señor de los
Anillos, aunque, a mi entender, resultan más estimulantes
los duelos a espada que las imponentes escenas de masas. El resto
se deja ver con agrado, pero sin más.
EN RESUMEN
Para amantes del peplum en estado puro.
Lo mejor: El encuentro entre Príamo y Aquiles.
Lo peor: Que todas las licencias que se han tomado en el guión,
más que sumar, resten en cuanto a originalidad.
ARGUMENTO
En
el año 1193 antes de Cristo, el príncipe Paris (Orlando
Bloom) de Troya secuestra a la bella Helen (Diane Kruger), casada
con Menelaus (Brendan Gleeson), rey de Esparta, provocando una guerra
entre las dos naciones.
Para Agamenón, el hermano de Menelaus también es una
ofensa, quien reúnirá a los pueblos de Grecia para
recuperar a Helena y traerla desde Troya. La verdadera razón
de Agamenón para declarar la guerra, es la ambición.
Troya está situada en un punto estratégico y tomarla
significaría tener el poder total del vasto imperio.
La ciudad de Troya está amurallada y existe un hombre que
se convertirá en la clave para conquistarla, Aquiles, considerado
el invulnerable guerrero griego.
FICHA ARTÍSTICA y TÉCNICA:
Título original: Troy
Género: Aventuras
Dirección: Wolfgang Petersen
Intérpretes: Brad Pitt, Eric Bana, Julian Glover, Nigel Terry,
Trevor Eve, Rose Byrne, Tyler Mane, Diane Kruger, Orlando Bloom,
Sean Bean, Peter O´Toole, Julie Christie, Brian Cox, Saffron
Burrows, Brendan Gleeson. |