El tiempo no significa sino ausencia de tiempo.
Si existe un millón de colores, prefiero el rojo atardecer.
Si las líneas son paralelas, nuestras almas se cruzan
aunque nuestros cuerpos sigan manteniendo sus distancias.
Te he gozado en el planetario de nuestra gravedad
y hemos navegado dentro de nuestra mente .
Te he gozado en la gravedad de nuestro planetario
y dentro nuestra mente hemos logrado navegar.
Te he gozado desnuda a pesar de tu vestimenta.
Fueron dos hojas y una palma eso bastó.
Te he abrazado cuando el sol moría y la mar te encelaba.
Ambos se enfurecían, uno era rojo y la otra era verde.
Si existe el tiempo, nuestra ausencia era infinita.
Si no existía, era blanco o gris , era rojo o gris,
pero tenía el color de tus ojos, como el cielo
como la noche, como el atardecer, como te quería ver.
Si fueron dos noches y una tarde, igual te veía.
Si fueron una tarde y dos noches, igual te gozaba.
¡Qué tristes designios deparan nuestras vidas!
Nuestros mareos se asemejan a las olas del mar.
No hemos vivido sino nuestras distancias.
Si hemos presenciado el atardecer,
¿porqué nuestras vidas amanecieron separadas?
Pero a pesar de haber presenciado el sol y la tarde
no hemos logrado conjugar tu tierno amanecer
y mi lacónica tarde. No hemos logrado encontrarnos.
Alguna tarde quizás, quieras penetrar en ella.