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GANDIA SOLIDÀRIA: EL DESASTRE DEL TITANIC Y LOS CONCEJALES AUTISTAS.

Joan Martí
jmarti@guia-activ.com

Querido internauta:

En el anterior artículo -LA SOLIDARIDAD; MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO (PARA LOS TELEDIARIOS)- anunciaba unas reflexiones para cuando terminara el evento "Gandia Solidària". Ahí van.

Como recordarás, el proyecto "Gandia Solidària" consistía en unos actos organizados por el Ayuntamiento en los días 1 a 3 de Mayo y constaba de charlas, conferencias, actuaciones musicales y otras actividades, con la participación, -forzada por las circunstancias en algún caso-, de varias ONGs.

Al día de la fecha se desconoce si la Alcaldía o el Pleno van a tomar alguna determinación sobre el evento "Gandia Solidària", siquiera sea el debatir su desarrollo y consecuencias, o si vamos hacia la canción del olvido... que parece lo más probable.

Como sabemos, los objetivos, -al margen del de la promoción personal y política de algún concejal que han susurrado a voz en grito las malas lenguas-, eran el recaudar dinero para la construcción de un hospital para el pueblo saharaui y el de sensibilizar a la ciudadanía en la solidaridad.

Los resultados, sin embargo, más que a los objetivos, se han aproximado al desastre del Titánic: 26 millones y medio de inversión -según las mismas malas lenguas más de 28-, de los que el Ayuntamiento aportaba casi 21 y la iniciativa privada el resto, para recaudar no llega a 5 y medio. La primera cuestión, obvia y de aritmética básica, es que se han "perdido" 22 o 23. La siguiente, también de sentido común elemental, es que hubiera resultado infinitamente más provechoso y sabio el dar esos 26 o 28 millones a los saharauis directamente y sin más.

El evento se organizó por el Departament de Joventut sin contar con las ONGs locales, a las que llegó a calificar de "subsucursales" y a las que, en la mayoría de los casos, se les asignó una caseta en el paseo y poco más que el papel de figurantes o comparsas y, en otros, -a las más díscolas o críticas-, se las trató con franca hostilidad, llegando a boicotear alguno de sus actos. Añádase que el responsable ni ha dimitido ni le han cesado (aún), lo que hasta cierto punto resulta normal en política, apareciendo junto con algún otro coaligado en plan casi cómico en rueda de prensa difundiendo su creencia de que el problema es nuestro, que tenemos pocas luces y no nos enteramos de la película y de que lo importante era la idea más que el resultado práctico, añadiendo otras reflexiones no menos singulares.

Para no repetir lo que ha salido en prensa, radio y tele local, bastará con referir someramente la tremenda disfunción ya dicha entre ingresos y gastos; lo de las 2000 personas de asistencia al macroconcierto cuando se esperaban 12 o 15000; lo del veto de actividades propuestas por ONGs; lo de los millones invertidos en publicidad que se ha revelado ineficaz; lo de las asistencias de 12 o 15 personas a conferencias que se preveían multitudinarias; lo de la desinformación de los ciudadanos, etc., etc.

Para pintar el cuadro completo, te añado que en la comparecencia pública referida los concejales llegaron a admitir "algunos errores", si bien fue imposible arrancarles cuales eran éstos, quedando la cosa en una genérica afirmación política de esas que permiten "asumir políticamente" lo hechos con total alegría y con el sano propósito de volverlos a perpetrar a la mínima oportunidad que se les dé. Han amenazado, incluso, con volver a reeditar la historia el año que viene "si las ONGs y Gandia está de acuerdo...(sic)". Y visto que la mayoría de las ONGs de la ciudad están que echan las muelas, -aunque algunas lo disimulen para poder "pillar" en el próximo reparto del 0,7-, y no quieren oír ni hablar de repetir el "éxito", me pregunto yo quién será esa tal Gandia, qué substancia tiene y en quién se encarna la susodicha y socorrida, temiéndome lo peor, ya me comprendes.

Lo hasta aquí expuesto sería una simple acta de la realidad, descriptiva de hechos desafortunados que no deben repetirse, pero no daría cuenta de la naturaleza real del problema ni abordaría algunas conclusiones que deben extraerse de esta triste historia. Así, que al Ayuntamiento (y en particular a su pulido concejal) le ha bastado con un par de semanas para poner en cuestión y liquidar el esfuerzo realizado en años por decenas de ONGs y centenares de sus asociados comprometidos con la idea de la solidaridad. De forma que, en Gandia la palabra, el concepto solidaridad, tiene un antes y un después de este desastre, un después en el que habrá que explicarle a la ciudadanía que la cosa no iba de prolongación de la "fira i festes" en términos ruinosos, y justificarle el por qué del derroche de veintitantos millones en actividad tan irrelevante para la causa de los saharauis.

Otro apartado del problema, nos llevaría al análisis de la psicología -¡Freud nos asista!- de unos políticos a veces ayunos de ideología (y no afirmo que sea este el caso necesariamente) pero con mano y mando en la caja municipal que les da para veleidades faraónicas: Piénsese en los desbarres que uno puede soñar y diseñar con veintitantos kilos a fondo perdido y varios empleados a su servicio a full time. Es cuando la egolatría hace perder el sentido del ritmo, del espacio y del tiempo y, a falta de ideas, desemboca directamente en la frivolidad de organizar cualquier tinglado sin encomendarse a Dios ni al Diablo, como el que se monta una paella para los amiguetes. Es, o sea, el uso y abuso del dinero público con la alegría que da el no tener que rendir cuentas a nadie ni devolver la tela en plazos mensuales como en préstamo hipotecario; la prueba, digo, de la irresponsabilidad e inimputabilidad del político profesional y de la imperfección de las leyes democráticas en este punto.

Pero con todo, para nuestra condición de "ciudadano político" que conceptuó Parsons, hay algo aun más curioso, y es cuando, para justificar lo injustificable, estos concejales y políticos de en un duro cinco nos vienen con lugares comunes y sofismas, apareciendo en nosotros las malas conciencias y las erróneas solidaridades o complicidades de grupo o de partido, siendo precisamente esto -la claque de corifeos, amiguetes y allegados- lo que a veces anima al concejal a ciscarse en el sentido común y a suponernos poco menos que mentecatos iletrados, contándonos que lo importante era la idea y que ésta llegara al corazón del pueblo y recurriendo a la demagogia grandilocuente de la justicia social etérea y la solidaridad de pasquín, hablándonos entonces de "inversiones en solidaridad" y de "encuentros solidarios"; del pobre pueblo saharaui y de los niños que nos tienden las manos con esperanza. ¡Pobres niños, la de medicinas y libros que os hubiéramos podido mandar con estos millones tirados por benefactores y teóricos de la solidaridad de medio pelo!.

Y es que resulta obvio que con los referidos 22 (y con bastantes menos) era posible y hasta obligado realizar una campaña de sensibilización infinitamente más eficiente que la realizada en este evento. Ya los rudimentos de economía política nos enseñan que los recursos, públicos o privados, son susceptibles de usos alternativos y siempre ha de buscarse el más eficiente. Imaginemos qué diferente hubiera sido usar los veintitantos en hacer la campaña a lo largo de un año, con el concurso de todas las ONGs, con charlas y conferencias en colegios y foros, pancartas, excursiones, representaciones teatrales, debates en las TVs y demás medios de comunicación, trípticos informativos, actuaciones musicales de países del tercer mundo, irradiando la actividad a los pueblos de la comarca, etc., y al final incluso la macroacampada como conclusión.

Lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones no podemos superar nuestra gregaria condición de alienados en los partidos y alineados con las fidelidades y nos da reparo (casi escozores) el reconocerlo, -al menos a mí me ha pasado muchas veces-, y negamos la razón a los que no son de nuestra cuerda, evitando la herejía de criticar a quienes por definición han de gozar de nuestras simpatías a piñón fijo, reivindicando la dicotomía izquierda/derecha o el conmigo o contra mi que llega a imponerse a la propia racionalidad. Sin embargo, cuando abusando de ello, los causantes del "empastre", totalmente autistas, apelan a la bula de su supuesto progresismo para exigir, más que implorar, nuestra disculpa o comprensión, llegando a ponerse chulos al pedirnos la impunidad; cuando el autista concejal pontifica y nos "explica" con disciplencia y paternalismo del bueno lo erradas que están las ONGs al no entender que sólo ellos pueden ser los buenos; cuando, con el aumento del autismo que les viene a subidones, llegan a acusar de intereses espurios, maquinaciones e intrigas a cualquiera que cuestione su fastuosa gestión, es cuando, digo, hay que decir: ¡No va más!. Es entonces cuando se nos escapa ese "Que no. Que habéis metido la pata hasta el muslo. ¡Dimite, o al menos cállate hasta que se me pase la vergüenza de tener que disculparte!. No me vengas con lo de derechas e izquierdas ni con el cuento de María Sarmiento, que ese ya me lo sé y ya no hay manera de dormirme. La izquierda, el progresismo, la idea de justicia social y de solidaridad es otra cosa, ¿sabes...?".

"... y me hablaron... de futuros solidarios. Donde todo lo falsario acabaría en el pilón" ¡Pobre Aute, hasta a ti, - que pasabas por aquí -, te han utilizado sin rubor alguno!.

Posdata: Ya redactado este artículo, leo en la prensa una carta del Sr. Saez de Juano (antiguo concejal del PP) sobre el mismo asunto, en la que pide la dimisión o cese del Concejal responsable, Sr. Boix. He de manifestar que, desde luego, el Sr. Saez de Juano se halla en coordenadas políticas diferentes a las del que esto escribe. Sin embargo, nobleza obliga, no tengo por menos que admitir lo acertado de gran parte de su argumentación -al menos en lo que aparece escrito en su carta- y deplorar que al cabo de unos días aparezca otra de réplica de un responsable del PSOE en la que, en vez de rebatir/debatir sus argumentos, excursiona hacia los Cerros de Úbeda y se dedica a descalificarle con pretendida "gracia", olvidando eso de que la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero y probando, por desgracia una vez más, la tesis del gregarismo y la claque que expongo más arriba. ¡Triste, pero es así!

Joan Martí (Gandia)



 

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