| Querido internauta:
En el anterior artículo -LA
SOLIDARIDAD; MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO (PARA LOS TELEDIARIOS)- anunciaba
unas reflexiones para cuando terminara el evento "Gandia Solidària".
Ahí van.
Como recordarás, el proyecto "Gandia Solidària" consistía
en unos actos organizados por el Ayuntamiento en los días 1 a 3
de Mayo y constaba de charlas, conferencias, actuaciones musicales y otras
actividades, con la participación, -forzada por las circunstancias
en algún caso-, de varias ONGs.
Al día de la fecha se desconoce si la Alcaldía o el Pleno
van a tomar alguna determinación sobre el evento "Gandia Solidària",
siquiera sea el debatir su desarrollo y consecuencias, o si vamos hacia
la canción del olvido... que parece lo más probable.
Como sabemos, los objetivos, -al margen del de la promoción personal
y política de algún concejal que han susurrado a voz en
grito las malas lenguas-, eran el recaudar dinero para la construcción
de un hospital para el pueblo saharaui y el de sensibilizar a la ciudadanía
en la solidaridad.
Los resultados, sin embargo, más que a los objetivos, se han
aproximado al desastre del Titánic: 26 millones y medio de inversión
-según las mismas malas lenguas más de 28-, de los que el
Ayuntamiento aportaba casi 21 y la iniciativa privada el resto, para recaudar
no llega a 5 y medio. La primera cuestión, obvia y de aritmética
básica, es que se han "perdido" 22 o 23. La siguiente, también
de sentido común elemental, es que hubiera resultado infinitamente
más provechoso y sabio el dar esos 26 o 28 millones a los saharauis
directamente y sin más.
El evento se organizó por el Departament de Joventut sin contar
con las ONGs locales, a las que llegó a calificar de "subsucursales"
y a las que, en la mayoría de los casos, se les asignó una
caseta en el paseo y poco más que el papel de figurantes o comparsas
y, en otros, -a las más díscolas o críticas-, se
las trató con franca hostilidad, llegando a boicotear alguno de
sus actos. Añádase que el responsable ni ha dimitido ni
le han cesado (aún), lo que hasta cierto punto resulta normal en
política, apareciendo junto con algún otro coaligado en
plan casi cómico en rueda de prensa difundiendo su creencia de
que el problema es nuestro, que tenemos pocas luces y no nos enteramos
de la película y de que lo importante era la idea más que
el resultado práctico, añadiendo otras reflexiones no menos
singulares.
Para no repetir lo que ha salido en prensa, radio y tele local, bastará
con referir someramente la tremenda disfunción ya dicha entre ingresos
y gastos; lo de las 2000 personas de asistencia al macroconcierto cuando
se esperaban 12 o 15000; lo del veto de actividades propuestas por ONGs;
lo de los millones invertidos en publicidad que se ha revelado ineficaz;
lo de las asistencias de 12 o 15 personas a conferencias que se preveían
multitudinarias; lo de la desinformación de los ciudadanos, etc.,
etc.
Para pintar el cuadro completo, te añado que en la comparecencia
pública referida los concejales llegaron a admitir "algunos errores",
si bien fue imposible arrancarles cuales eran éstos, quedando la
cosa en una genérica afirmación política de esas
que permiten "asumir políticamente" lo hechos con total alegría
y con el sano propósito de volverlos a perpetrar a la mínima
oportunidad que se les dé. Han amenazado, incluso, con volver a
reeditar la historia el año que viene "si las ONGs y Gandia está
de acuerdo...(sic)". Y visto que la mayoría de las ONGs de la ciudad
están que echan las muelas, -aunque algunas lo disimulen para poder
"pillar" en el próximo reparto del 0,7-, y no quieren oír
ni hablar de repetir el "éxito", me pregunto yo quién será
esa tal Gandia, qué substancia tiene y en quién se encarna
la susodicha y socorrida, temiéndome lo peor, ya me comprendes.
Lo hasta aquí expuesto sería una simple acta de la realidad,
descriptiva de hechos desafortunados que no deben repetirse, pero no daría
cuenta de la naturaleza real del problema ni abordaría algunas
conclusiones que deben extraerse de esta triste historia. Así,
que al Ayuntamiento (y en particular a su pulido concejal) le ha bastado
con un par de semanas para poner en cuestión y liquidar el esfuerzo
realizado en años por decenas de ONGs y centenares de sus asociados
comprometidos con la idea de la solidaridad. De forma que, en Gandia la
palabra, el concepto solidaridad, tiene un antes y un después de
este desastre, un después en el que habrá que explicarle
a la ciudadanía que la cosa no iba de prolongación de la
"fira i festes" en términos ruinosos, y justificarle el por qué
del derroche de veintitantos millones en actividad tan irrelevante para
la causa de los saharauis.
Otro apartado del problema, nos llevaría al análisis de
la psicología -¡Freud nos asista!- de unos políticos
a veces ayunos de ideología (y no afirmo que sea este el caso necesariamente)
pero con mano y mando en la caja municipal que les da para veleidades
faraónicas: Piénsese en los desbarres que uno puede soñar
y diseñar con veintitantos kilos a fondo perdido y varios empleados
a su servicio a full time. Es cuando la egolatría hace perder el
sentido del ritmo, del espacio y del tiempo y, a falta de ideas, desemboca
directamente en la frivolidad de organizar cualquier tinglado sin encomendarse
a Dios ni al Diablo, como el que se monta una paella para los amiguetes.
Es, o sea, el uso y abuso del dinero público con la alegría
que da el no tener que rendir cuentas a nadie ni devolver la tela en plazos
mensuales como en préstamo hipotecario; la prueba, digo, de la
irresponsabilidad e inimputabilidad del político profesional y
de la imperfección de las leyes democráticas en este punto.
Pero con todo, para nuestra condición de "ciudadano político"
que conceptuó Parsons, hay algo aun más curioso, y es cuando,
para justificar lo injustificable, estos concejales y políticos
de en un duro cinco nos vienen con lugares comunes y sofismas, apareciendo
en nosotros las malas conciencias y las erróneas solidaridades
o complicidades de grupo o de partido, siendo precisamente esto -la claque
de corifeos, amiguetes y allegados- lo que a veces anima al concejal a
ciscarse en el sentido común y a suponernos poco menos que mentecatos
iletrados, contándonos que lo importante era la idea y que ésta
llegara al corazón del pueblo y recurriendo a la demagogia grandilocuente
de la justicia social etérea y la solidaridad de pasquín,
hablándonos entonces de "inversiones en solidaridad" y de "encuentros
solidarios"; del pobre pueblo saharaui y de los niños que nos tienden
las manos con esperanza. ¡Pobres niños, la de medicinas y
libros que os hubiéramos podido mandar con estos millones tirados
por benefactores y teóricos de la solidaridad de medio pelo!.
Y es que resulta obvio que con los referidos 22 (y con bastantes menos)
era posible y hasta obligado realizar una campaña de sensibilización
infinitamente más eficiente que la realizada en este evento. Ya
los rudimentos de economía política nos enseñan que
los recursos, públicos o privados, son susceptibles de usos alternativos
y siempre ha de buscarse el más eficiente. Imaginemos qué
diferente hubiera sido usar los veintitantos en hacer la campaña
a lo largo de un año, con el concurso de todas las ONGs, con charlas
y conferencias en colegios y foros, pancartas, excursiones, representaciones
teatrales, debates en las TVs y demás medios de comunicación,
trípticos informativos, actuaciones musicales de países
del tercer mundo, irradiando la actividad a los pueblos de la comarca,
etc., y al final incluso la macroacampada como conclusión.
Lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones no podemos superar
nuestra gregaria condición de alienados en los partidos y alineados
con las fidelidades y nos da reparo (casi escozores) el reconocerlo, -al
menos a mí me ha pasado muchas veces-, y negamos la razón
a los que no son de nuestra cuerda, evitando la herejía de criticar
a quienes por definición han de gozar de nuestras simpatías
a piñón fijo, reivindicando la dicotomía izquierda/derecha
o el conmigo o contra mi que llega a imponerse a la propia racionalidad.
Sin embargo, cuando abusando de ello, los causantes del "empastre", totalmente
autistas, apelan a la bula de su supuesto progresismo para exigir, más
que implorar, nuestra disculpa o comprensión, llegando a ponerse
chulos al pedirnos la impunidad; cuando el autista concejal pontifica
y nos "explica" con disciplencia y paternalismo del bueno lo erradas que
están las ONGs al no entender que sólo ellos pueden ser
los buenos; cuando, con el aumento del autismo que les viene a subidones,
llegan a acusar de intereses espurios, maquinaciones e intrigas a cualquiera
que cuestione su fastuosa gestión, es cuando, digo, hay que decir:
¡No va más!. Es entonces cuando se nos escapa ese "Que no.
Que habéis metido la pata hasta el muslo. ¡Dimite, o al menos
cállate hasta que se me pase la vergüenza de tener que disculparte!.
No me vengas con lo de derechas e izquierdas ni con el cuento de María
Sarmiento, que ese ya me lo sé y ya no hay manera de dormirme.
La izquierda, el progresismo, la idea de justicia social y de solidaridad
es otra cosa, ¿sabes...?".
"... y me hablaron... de futuros solidarios. Donde todo lo falsario
acabaría en el pilón" ¡Pobre Aute, hasta a ti, - que
pasabas por aquí -, te han utilizado sin rubor alguno!.
Posdata: Ya redactado este artículo, leo en la prensa una carta
del Sr. Saez de Juano (antiguo concejal del PP) sobre el mismo asunto,
en la que pide la dimisión o cese del Concejal responsable, Sr.
Boix. He de manifestar que, desde luego, el Sr. Saez de Juano se halla
en coordenadas políticas diferentes a las del que esto escribe.
Sin embargo, nobleza obliga, no tengo por menos que admitir lo acertado
de gran parte de su argumentación -al menos en lo que aparece escrito
en su carta- y deplorar que al cabo de unos días aparezca otra
de réplica de un responsable del PSOE en la que, en vez de rebatir/debatir
sus argumentos, excursiona hacia los Cerros de Úbeda y se dedica
a descalificarle con pretendida "gracia", olvidando eso de que la verdad
es la verdad la diga Agamenón o su porquero y probando, por desgracia
una vez más, la tesis del gregarismo y la claque que expongo más
arriba. ¡Triste, pero es así!
Joan Martí (Gandia)
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