| Amigo internauta:
De nuevo en la carretera (autopista) de la información para contarte
unas cuitas. El tema va de los ideales, el idealismo y todo eso y viene
a cuento de una polémica que se ha venido dando en estas páginas
a cuenta de unos artículos publicados en el medio por tu humilde
corresponsal. Te digo. El asunto es que, en debate sobre algún
tema de gestión municipal, - en particular sobre el dichoso parking
del riu Serpis -, amigos anónimos que hasta ahora desconocía,
y a los que desde aquí saludo agradecido, me han felicitado apoyando
las ideas propuestas, tanto en papel como en esta web y en otra. Los contrarios
a las mismas, - que también los hay y que desde luego no me han
felicitado -, sin mayor razonamiento o criterio más allá
de algún insulto o imputación divertida, (puedes consultar
el forum), las han tachado de idealistas, oponiendo - dicen - la cruda
realidad al idealismo de propuestas tan románticas como inviables.
Pues bien, el caso es que aunque me emocioné como el que más
viendo los Puentes de Madison y se me hace un nudo en alguna escena de
Casablanca, es lo cierto que no me tengo yo por excesivamente romántico;
sólo lo justo para hacer bien el papel de amante cuando se descubre
el amor y todo eso, ni tampoco por idealista en el sentido que me achacan.
No hay tal, pues. Es decir, no hay tal y sí hay tal. Me explico.
No hay tal idealismo, desde luego, si hablamos en sentido filosófico.
O sea, en el de la teoría ya clásica según la cual
la mente se impone a la realidad, como nos enseñan el viejo Platón,
el joven Kant y el clérigo Berkeley, y mucho menos si nos llegamos
hasta el solipsismo, como expresión más radical de aquella.
Si acaso, y a lo sumo, me cojo la derivación idealista-dialéctica
del mejor Hegel y ahí acaba la historia de mi idealismo filosófico.
Sin embargo, parece que el personal no se refiere al idealismo como
teoría filosófica, si no al idealismo en lenguaje de andar
por casa; esto es, a la acepción que lo entiende como propuesta
política y social más o menos bienintencionada pero alejada
de la realidad. Pero tampoco esta acepción se ajusta a la realidad
de las cosas. Tampoco desde este punto de vista hay tal. Y no hay tal,
porque, según yo lo veo, sólo la irracionalidad del sistema
mediático-cultural llega a posibilitar que lo que de suyo es negro
haya de verse como blanco so pena de ser tachado de idealista: El que
un aparcamiento sea público y gratuito es algo tan racional, -
o al menos lo es tanto -, como el que lo sea privado y de pago, y mal
está la cosa cuando propuesta tan inocua (salvo para las arcas
municipales y para las de la Empresa concesionaria) llega a considerarse
como idealista o "alunada". Como dijo no se quien, mal andan los tiempos
cuando se ha de razonar lo obvio y evidente. Creo que existen multitud
de propuestas e ideas sociales sobre administración y gestión
de lo público que resultan perfectamente congruentes y lógicas,
y que sólo los valores sobreentendidos del "sistema", que se proponen
como paradigma cultural de la época, las hacen idealistas y perseguibles
casi de oficio "por ser inviables", - se dice, con un tanto de demagogia
y un cuanto de memez -. Sin embargo, párate a mirar con atención
la ciudad, una calle, un servicio municipal, una actuación del
gobierno, etc. y ponte a reflexionar aplicando el sentido común,
sentido el sentido sin burocracia, subvención o comisión,
o sea. Sin duda te sorprenderá del resultado y a la conclusión
así obtenida jamás se te ocurrirá calificarla de
"idealista".
Si me pido, por el contrario, otro tipo de idealismo, - continuo con
el "Me explico"-, y es aquél que se define como el deseo de hacer
o de vivir lo que se considera mejor, en actitud de crítica a la
realidad vigente, a menudo establecida desde posiciones de dominio por
los otros sujetos sociales. Y añadiremos que este "idealismo" es,
por cierto, una constante en la civilización humana. Se pude afirmar
incluso, en frase grandilocuente y rimbombante, que todas las civilizaciones
que lo fueron incorporaron este "idealismo" como aspecto esencial de su
existencia. Es más, sin largar tanta teoría, bastaría
con remitirnos a los griegos del siglo de Pericles, a Tomás Moro,
al Renacimiento o a las Revoluciones de hace dos siglos a esta parte,
para ver que tal idealismo es sinónimo de humanidad; que es su
sustancia, en suma.
Con pretensión de debate - y posiblemente me esté metiendo
en un buen lío dialéctico -, diré que, desde el punto
de vista ontológico, este idealismo social puede justificarse adjudicándole
una naturaleza cuasi de biología evolutiva, ya que, más
allá de consideraciones inciertas, - en el sentido de opinables
-, sobre la posibilidad de trascendencia a otras dimensiones o vidas ulteriores,
hay que pensar que, estadísticamente, tenemos entre 70 y 80 años
de vida útil, periodo mayor que los coches a gasolina pero, al
cabo, ridículo frente a la longevidad desmesurada del universo.
Es de suponer, por tanto, que dentro de unos años nadie hable de
nosotros, quedando en la crónica de la pequeña historia
del poblado sólo como individuos que pasamos por aquí de
puntillas y sin hacer mucho ruido ("nadie hablará de nosotros cuando
estemos muertos") y que a lo sumo estaremos en signos en un registro civil
que, a la sazón, un estudioso historiador estará expurgando
en DVDs de enésima generación, - o en cualquier otro sistema
de almacenamiento de la información de moda en la época
del erudito -, al amparo de una subvención municipal o en el marco
de su tesis doctoral sobre la vida vegetativa de los humanoides en el
ocaso del segundo milenio. Así las cosas, ¡a quién
le importa si mi bisabuelo fue funcionario, tuvo querida o llegó
a amasar tres hectáreas de tierra y una casita en el campo como
segunda residencia!. Así pues, comprendo y respeto las web-opiniones
sociales y políticas de mi amigo C.T., por ejemplo, - con el que,
como él dice en el foro referido, coincido muy poco, aunque me
admira su honestidad intelectual -, y entiendo su ánimo de amasar
millones a cientos y de ser líder empresarial en su sector, al
igual que el del empleado que aspira a retirarse a los sesenta con una
suculenta pensión para disfrutarla si las enfermedades le respetan.
Sin embargo, por mucho que nos empeñemos, frente a los agujeros
negros o las supercuerdas de Hawking y Penrose y a la evolución
pasada y futura de "esto", resultan un tanto irrelevantes las peripecias
personales y el triunfo social de mi bisabuelo, de C.T. y el mío
propio. ( Así comencé a percibirlo un día tonto pensando
en Morrison, Picaso, Sagan, Russell, Ginsberg, Da Vince, Einstein, Ernesto
Guevara y otros que, como mi bisabuelo, también se habían
ido discretamente. )
Regresando a la seriedad y según todo ello, parece más
razonable sostener que mi bisabuelo, - su existencia -, desde una perspectiva
histórica y al margen de las comodidades particulares que pudo
disfrutar en su magro ciclo vital, - las excelencias amatorias de su querida,
si la tuvo, y el roce en el gaznate del buen comer -, sólo podrá
justificarse si en algo contribuyó a mejorar la vida de su especie,
esto es, a puro beneficio de inventario social: Si en algo contribuyó
a evitar la destrucción del planeta, las minas y las guerras, la
hambruna y la muerte de sus semejantes, la tragedia de los niños
de Sudan, culpables de no llamarse Felipes, Froilanes, Guillermos o Paquirrinis,
la crueldad, la estulticia, y la hipocresía, y, desde luego, si
en algo contribuyó a erradicar el dominio cultural de las elites
(algunas de medio pelo) que, instaladas plácidamente en el Presupuesto,
ya entonces decidían, como ahora quieren decidir, lo que es política
y socialmente "correcto" al objeto de aislar y fumigar el virus del idealismo
disolvente, atentatorio contra el sistema, negándonos incluso la
posibilidad de rebelarnos, siquiera sea mentalmente, para razonar inocentemente
sobre lo obvio.
Y es que, ya acostumbrados a residir en el reverso de la historia, sabíamos
que no era "correcto" eso de pedir lo imposible cuando resultaba muy imposible,
y que siempre te podía aparecer un De Gaulle en chancletas, de
esos de andar por casa, para discursearte un solemne "el orden - lo correcto
- debe ser mantenido porque... el orden debe ser mantenido", pero que
ello pudiera suceder por pedir inocentemente un simple parking público
y gratuito, pues, la verdad, eso nos ha dejado un poco descolocados. Aun
así y desde luego, ¿idealista?, ¡Sí, Gracias
y Vd. que lo vea!
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