| Amigo internauta, colega derrochador de bits:
Seguimos hoy con las historias de Gandia, historias a menudo divertidas
o, cuando menos, curiosas. Como sabrás, - y si no yo te lo cuento
-, la ciudad ha sido noticia de cierta relevancia en algunos medios de
comunicación al aparecer como pionera en eso del "Contramedicamentazo",
lo cual trata, como habrás adivinado, del arte o la habilidad de
oponerse al "Medicamentazo" aprobado por el Gobierno del Estado. En sustancia,
y salvo mayor precisión, el Ayuntamiento sufragará a los
pensionistas aquellos medicamentos que, recetados por los servicios sanitarios
de la Seguridad Social, no sean cubiertos por ésta. La decisión,
a bote pronto, - y también a bote tarde -, se nos presenta como
un poco demagógica y electoralista, si bien ha sido tomada por
el gobierno municipal y refrendada por el Pleno con los votos de los grupos
que lo sostienen (PSOE, UV y PDNI) y la abstención de otros. Aunque
hay varias versiones sobre los detalles y los contubernios de los políticos
en los pasillos sobre el alumbramiento de esta medida, la más fidedigna
afirma que fue tomada a velocidad galáctica, con nocturnidad, alevosía
y hasta ocultada a ciertos concejales del mismo grupo gobernante que,
según se dice, se enteraron 10 minutos antes de hacerse pública.
Para cualquier observador de la situación en la ciudad, la medida
supone otra pirueta más en la gestión errática y
contradictoria del gobierno municipal en los últimos tiempos -Torres,
murallas, parkings, regulación del tránsito, montajes "solidarios",
etc. son otras tantas-, dando la impresión de que los ediles no
se aclaran y no ven más allá de aquello que da titular en
la prensa o en la tele. En todo caso, en la idea de aportar elementos
para el debate en esta ciudad de nuestros pecados - y de nuestras virtudes,
si las hubiéremos -, y, como siempre, sin ánimo de molestar
a nadie, son de señalar varias cuestiones.
La primera consideración sería un simple ¿y por
qué ahora?, ¿por qué esta precipitación?.
¿Por qué tanta sensibilidad social no había llegado
al Ayuntamiento hasta ahora desde 1993 en que el PSOE dio el primer medicamentazo?,
o, incluso, ¿por qué tampoco en los meses transcurridos
desde que perpetró el PP el suyo?. La respuesta es simple: porque
es ahora cuando faltan poco más de 8 meses para las elecciones
municipales y urge el voto de los pensionistas, que se pretende subsidiado.
(Decepcionante imagen de carne de voto y poco más la que tienen
de los pensionistas cuando prevén que con la medida les ganarán
la papeleta.)
La segunda es de tipo jurídico-legal, a pesar de que se ha proclamado
a los cuatro vientos que los servicios jurídicos municipales avalan
la legalidad de la medida. Y es que, como se dice en el mundo del Derecho,
todas las cosas son opinables y en todo caso "Doctores tiene la Iglesia".
O sea, que habría que ver que dirían los tribunales si a
alguien se le ocurriera llevar ante ellos el Acuerdo del Pleno sobre este
punto. La lógica meta-jurídica indica, sin embargo, que
si las competencias políticas y de gestión se hallan repartidas
por la Constitución y los E. de Autonomía entre las administraciones
estatal, autonómica y periférica (Diputación y Ayuntamientos)
difícilmente puede explicarse que -como en el velo de Penélope-
lo que decide una de ellas venga la otra a anularlo. Resulta chocante
que tome una medida quien aparece como titular de la competencia sobre
la materia, -por ejemplo, el Estado-, y que pueda el Ayuntamiento tomar
la correlativa "contramedida", contradiciendo, modificando o anulando
la decisión estatal sin más, facto vía. ¿Dónde
queda entonces la racionalidad y coherencia de la gestión del Estado
en su conjunto?. Si en el marco de una política económica
general y actuando una directriz de control del gasto se decide recortar
la subvención de ciertos medicamentos ¿cómo explicar
que otro Órgano del mismo Estado se dedique a subvencionarlos?.
Extraña lógica que nos lleva directamente al absurdo -salvo
mayor precisión, justificación o matiz que el gobierno municipal
hasta ahora no ha hecho-.
La tercera consideración es de "estilo de gestión", resultando
de demagogia al por mayor el que la medida se quiera justificar en un
pretendido caché de "izquierdas". (¡Dios mío, creía
que ya lo había visto todo!). En serio, ¿es de izquierdas
la medida?. ¿Cómo o cuánto "de izquierdas" es? ¿Es
más de izquierdas que otras posibles?. Veamos. En un presupuesto
cerrado, en el que lo que se pone en un sitio se quita de otro, y al que
concurren varios capítulos de extrema necesidad social no es posible
sostener tal burrada. No es posible sostener que sea más de izquierdas
subvencionar medicamentos a los pensionistas en su conjunto, como colectivo
y sin evaluar su situación económica particular, que el
ayudar a las familias necesitadas del municipio que malviven en el umbral
de la pobreza, o que el invertir los 34 millones calculados -al parecer
deprisa corriendo y con técnicas presupuestarias predictivas a
lo Rappel- en ayudar a los necesitados de la ciudad. Tampoco parece muy
progresista el subvencionar por igual al pensionista que tiene una paga
mensual de treinta mil duros que al que cobra una mísera pensión
no contributiva inferior a los diez mil. Y posiblemente fuera más
de izquierdas invertir el mismo dinero en subvencionar a los desempleados
que tienen necesidades vitales de auténtica subsistencia y no disfrutan
de Prestación o Subsidio de Desempleo. Y, sin salir del mismo campo
de la sanidad, más aún lo sería el usar el mismo
dinero para subvencionar las prótesis ortopédicas y otros
elementos que no cubre la sanidad pública y que son absolutamente
imprescindibles para las terapias. Decir pues que la medida es "de izquierdas"
resulta puro engañabobos o banalidad demagógica que asombra
al sentido común, apta sólo para titular de prensa cazado
al vuelo de campaña preelectoral.
Por último, queda la duda razonable sobre el fondo de la medida.
Por una parte, fueron los expertos médico-sanitarios quienes aconsejaron
al gobierno estatal del PP -como en 1993 lo hicieron al del PSOE- el retirar
de la circulación medicamentos mantenidos en términos de
pura "marca" (como las deportivas kelme, rebook, adidas...) y para exclusivo
beneficio de laboratorios, medicamentos a veces de nulas cualidades curativas
y usados simplemente como placebos, manteniendo una lista más restringida
de productos para los mismos efectos farmacológicos. Se evitaba
así -decían- el uso y abuso de los mismos y también
la picaresca de acapararlos y revenderlos, no ajena a los usos de algunos
pensionistas, además de un chorro de millones. Por otra parte,
voces médicas cualificadas razonaron entonces y razonan ahora la
necesidad de mantenerlos al ser insustituibles por sus efectos farmacológicos
contrastados. Honestamente no tengo ni datos ni conocimientos para sostener
una u otra opinión en este punto, aunque creo en todo caso que
la decisión debería contener una fundamentada base técnico-médica,
con lo que habría que ver si es mejor el criterio de los expertos
municipales (de haberlos, que parece que nos los hay) que el de los estatales
y autonómicos que aconsejaron la medida. Sin embargo, está
claro que nuestros concejales no tienen tantos perjuicios ni remilgos
de honestidad; la honestidad y la racionalidad mal se avienen con el electoralismo,
por lo que no les tiembla la mano al tomar la decisión a la babalá
con criterios puramente políticos o, peor, de exclusivo marketing
electoral.
Parece que lo razonable hubiera sido un estudio previo del asunto, con
asesoramiento de expertos, previsiones y cálculos presupuestarios
y, a su término, una decisión a poder ser consensuada con
todos los grupos. Sin embargo, en esto como en otras cosas, dos o tres
concejales, detentadores del talonario y de la disciplina del grupo, tienen
la facultad de erigirse en expertos de cualquier cosa e imponer decisiones
demagógicas a cargo de un sufrido presupuesto municipal que, -
valga la oviedad -, sufragamos todos, a mayor gloria de su promoción
electoral. Es obvio que los progresistas de buena voluntad y sensibilidad
social estamos por la gratuidad total de todos los medicamentos necesarios
para la salud y de cualquier medida de carácter solidario en beneficio
de los desfavorecidos, pero eso nada tiene que ver con precipitadas medidas
en clave de pura campaña electoral. De todos modos, de más
gordas las veremos...
Un saludo linkado...
Joan Martí
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