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El "Contramedicamentazo" (o de cómo se pilla antes a los demagogos que a los cojos)

Joan Martí
jmarti@guia-activ.com

Amigo internauta, colega derrochador de bits:

Seguimos hoy con las historias de Gandia, historias a menudo divertidas o, cuando menos, curiosas. Como sabrás, - y si no yo te lo cuento -, la ciudad ha sido noticia de cierta relevancia en algunos medios de comunicación al aparecer como pionera en eso del "Contramedicamentazo", lo cual trata, como habrás adivinado, del arte o la habilidad de oponerse al "Medicamentazo" aprobado por el Gobierno del Estado. En sustancia, y salvo mayor precisión, el Ayuntamiento sufragará a los pensionistas aquellos medicamentos que, recetados por los servicios sanitarios de la Seguridad Social, no sean cubiertos por ésta. La decisión, a bote pronto, - y también a bote tarde -, se nos presenta como un poco demagógica y electoralista, si bien ha sido tomada por el gobierno municipal y refrendada por el Pleno con los votos de los grupos que lo sostienen (PSOE, UV y PDNI) y la abstención de otros. Aunque hay varias versiones sobre los detalles y los contubernios de los políticos en los pasillos sobre el alumbramiento de esta medida, la más fidedigna afirma que fue tomada a velocidad galáctica, con nocturnidad, alevosía y hasta ocultada a ciertos concejales del mismo grupo gobernante que, según se dice, se enteraron 10 minutos antes de hacerse pública.

Para cualquier observador de la situación en la ciudad, la medida supone otra pirueta más en la gestión errática y contradictoria del gobierno municipal en los últimos tiempos -Torres, murallas, parkings, regulación del tránsito, montajes "solidarios", etc. son otras tantas-, dando la impresión de que los ediles no se aclaran y no ven más allá de aquello que da titular en la prensa o en la tele. En todo caso, en la idea de aportar elementos para el debate en esta ciudad de nuestros pecados - y de nuestras virtudes, si las hubiéremos -, y, como siempre, sin ánimo de molestar a nadie, son de señalar varias cuestiones.

La primera consideración sería un simple ¿y por qué ahora?, ¿por qué esta precipitación?. ¿Por qué tanta sensibilidad social no había llegado al Ayuntamiento hasta ahora desde 1993 en que el PSOE dio el primer medicamentazo?, o, incluso, ¿por qué tampoco en los meses transcurridos desde que perpetró el PP el suyo?. La respuesta es simple: porque es ahora cuando faltan poco más de 8 meses para las elecciones municipales y urge el voto de los pensionistas, que se pretende subsidiado. (Decepcionante imagen de carne de voto y poco más la que tienen de los pensionistas cuando prevén que con la medida les ganarán la papeleta.)

La segunda es de tipo jurídico-legal, a pesar de que se ha proclamado a los cuatro vientos que los servicios jurídicos municipales avalan la legalidad de la medida. Y es que, como se dice en el mundo del Derecho, todas las cosas son opinables y en todo caso "Doctores tiene la Iglesia". O sea, que habría que ver que dirían los tribunales si a alguien se le ocurriera llevar ante ellos el Acuerdo del Pleno sobre este punto. La lógica meta-jurídica indica, sin embargo, que si las competencias políticas y de gestión se hallan repartidas por la Constitución y los E. de Autonomía entre las administraciones estatal, autonómica y periférica (Diputación y Ayuntamientos) difícilmente puede explicarse que -como en el velo de Penélope- lo que decide una de ellas venga la otra a anularlo. Resulta chocante que tome una medida quien aparece como titular de la competencia sobre la materia, -por ejemplo, el Estado-, y que pueda el Ayuntamiento tomar la correlativa "contramedida", contradiciendo, modificando o anulando la decisión estatal sin más, facto vía. ¿Dónde queda entonces la racionalidad y coherencia de la gestión del Estado en su conjunto?. Si en el marco de una política económica general y actuando una directriz de control del gasto se decide recortar la subvención de ciertos medicamentos ¿cómo explicar que otro Órgano del mismo Estado se dedique a subvencionarlos?. Extraña lógica que nos lleva directamente al absurdo -salvo mayor precisión, justificación o matiz que el gobierno municipal hasta ahora no ha hecho-.

La tercera consideración es de "estilo de gestión", resultando de demagogia al por mayor el que la medida se quiera justificar en un pretendido caché de "izquierdas". (¡Dios mío, creía que ya lo había visto todo!). En serio, ¿es de izquierdas la medida?. ¿Cómo o cuánto "de izquierdas" es? ¿Es más de izquierdas que otras posibles?. Veamos. En un presupuesto cerrado, en el que lo que se pone en un sitio se quita de otro, y al que concurren varios capítulos de extrema necesidad social no es posible sostener tal burrada. No es posible sostener que sea más de izquierdas subvencionar medicamentos a los pensionistas en su conjunto, como colectivo y sin evaluar su situación económica particular, que el ayudar a las familias necesitadas del municipio que malviven en el umbral de la pobreza, o que el invertir los 34 millones calculados -al parecer deprisa corriendo y con técnicas presupuestarias predictivas a lo Rappel- en ayudar a los necesitados de la ciudad. Tampoco parece muy progresista el subvencionar por igual al pensionista que tiene una paga mensual de treinta mil duros que al que cobra una mísera pensión no contributiva inferior a los diez mil. Y posiblemente fuera más de izquierdas invertir el mismo dinero en subvencionar a los desempleados que tienen necesidades vitales de auténtica subsistencia y no disfrutan de Prestación o Subsidio de Desempleo. Y, sin salir del mismo campo de la sanidad, más aún lo sería el usar el mismo dinero para subvencionar las prótesis ortopédicas y otros elementos que no cubre la sanidad pública y que son absolutamente imprescindibles para las terapias. Decir pues que la medida es "de izquierdas" resulta puro engañabobos o banalidad demagógica que asombra al sentido común, apta sólo para titular de prensa cazado al vuelo de campaña preelectoral.

Por último, queda la duda razonable sobre el fondo de la medida. Por una parte, fueron los expertos médico-sanitarios quienes aconsejaron al gobierno estatal del PP -como en 1993 lo hicieron al del PSOE- el retirar de la circulación medicamentos mantenidos en términos de pura "marca" (como las deportivas kelme, rebook, adidas...) y para exclusivo beneficio de laboratorios, medicamentos a veces de nulas cualidades curativas y usados simplemente como placebos, manteniendo una lista más restringida de productos para los mismos efectos farmacológicos. Se evitaba así -decían- el uso y abuso de los mismos y también la picaresca de acapararlos y revenderlos, no ajena a los usos de algunos pensionistas, además de un chorro de millones. Por otra parte, voces médicas cualificadas razonaron entonces y razonan ahora la necesidad de mantenerlos al ser insustituibles por sus efectos farmacológicos contrastados. Honestamente no tengo ni datos ni conocimientos para sostener una u otra opinión en este punto, aunque creo en todo caso que la decisión debería contener una fundamentada base técnico-médica, con lo que habría que ver si es mejor el criterio de los expertos municipales (de haberlos, que parece que nos los hay) que el de los estatales y autonómicos que aconsejaron la medida. Sin embargo, está claro que nuestros concejales no tienen tantos perjuicios ni remilgos de honestidad; la honestidad y la racionalidad mal se avienen con el electoralismo, por lo que no les tiembla la mano al tomar la decisión a la babalá con criterios puramente políticos o, peor, de exclusivo marketing electoral.

Parece que lo razonable hubiera sido un estudio previo del asunto, con asesoramiento de expertos, previsiones y cálculos presupuestarios y, a su término, una decisión a poder ser consensuada con todos los grupos. Sin embargo, en esto como en otras cosas, dos o tres concejales, detentadores del talonario y de la disciplina del grupo, tienen la facultad de erigirse en expertos de cualquier cosa e imponer decisiones demagógicas a cargo de un sufrido presupuesto municipal que, - valga la oviedad -, sufragamos todos, a mayor gloria de su promoción electoral. Es obvio que los progresistas de buena voluntad y sensibilidad social estamos por la gratuidad total de todos los medicamentos necesarios para la salud y de cualquier medida de carácter solidario en beneficio de los desfavorecidos, pero eso nada tiene que ver con precipitadas medidas en clave de pura campaña electoral. De todos modos, de más gordas las veremos...

Un saludo linkado...

Joan Martí



 

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