| Querido internauta:
Érase una vez, un lugar idílico llamado la Drova, situado
a once kilómetros de la costa del Azahar, (La Safor, València,
Estado Español, Planeta Tierra), en la falda del señorial
Mondúver. Se accede a él, serpenteando entre un bello paisaje
que al atardecer, aparece coronado de un cielo con trazos de nubes rojas,
fundidas por los últimos rayos de sol, y que te acecha entre arbustos
en los que la brisa deja a su paso, fragancias de amor y de vida (y de
chullas que se asan junto al la Font de l'Olm).
Allí, no hay hadas madrinas, ni duendes, ni las ranas se convierten
en príncipes, ¿o sí?...en cualquier caso, lo cierto
es que son felices y hasta de vez en cuando comen perdices.
Hace unos años, un buen puñado, como de casi todo, viví
el ritual iniciático de la Paella de María. (Restaurant
donde se hace la mejor del mundo, valga el chovinismo exacerbado y con
el permiso de Ignasi).
Después de un paseo por la casa de la Güela Bruja y la Cova
del Parpalló, un intento fallido de subir al Mondúver puso
fin a la tarde primaveral en que me enamoré de la Drova. Unos días
de mirarla y admirarla y al final compré una casita donde hacer
real nuestro amor. Después, ya se sabe, las familias crecen y tuve
que cambiar de casa y mudarme a otra más grande. Allí vivo
todo el año desde entonces y lo disfruto en la medida que me lo
permite la vida moderna, el trabajo y todo eso.
A pesar de las limitaciones en los servicios (agua, teléfono,
bajadas de tensión eléctrica,..), la Drova es un lugar maravilloso
para vivir, o sea que el amor, a pesar del tiempo transcurrido, se ha
mantenido intacto.
La Drova sin embargo, tiene un problema, y es que sus habitantes no
votan, es decir, no votan en Barx - el pueblo al que pertenece y del que
dista unos 2 km.- que es desde donde se gobierna, se dan las licencias,
las autorizaciones y todo eso. Es un problema grave y de difícil
solución, del que deberíamos de hablar largo y tendido algún
día. A parte de éste principal, tiene otros, derivados casi
siempre de la idea diferente de la vida que tenemos los de la Drova y
los concejales del Ayuntamiento de Barx: Unos queremos tranquilidad y
calidad de vida; otros, más prosaicos, prefieren construir, urbanizar
y todo aquello que sirve para llenarse los bolsillos con rapidez.
El último acontecimiento de esta dialéctica árbol-ladrillo
ha sido el proyecto de construcción de 248 chalets en la Solana
del Mondúver, -sí, si, 248 ¡no exagero!-, proyecto
descabellado al que nos hemos opuesto los vecinos, como es público
y notorio. Más que por puro vicio, -como dice algún concejal
de Barx-, lo cierto es que nos hemos opuesto porque el proyecto implica
la destrucción de un paraje de alto valor forestal y ecológico
poblado de pinos adultos, carrascas y arbustos autóctonos. Uno
de los pocos que quedan en un hábitat asediado cada año
por los incendios forestales que no paran. Y también nos hemos
opuesto, ¿por qué no decirlo?, porque estamos enamorados
del paisaje, que es uno de los más bonitos de la sufrida y chamuscada
Comunidad Valenciana y que forma parte del patrimonio histórico,
estético y cultural que tanto apreciamos muchos habitantes de la
Safor (la comarca así se llama).
Este paraje, por cierto, linda con la Cova del Parpalló, dónde
yacen los restos arqueológicos e históricos de nuestros
antepasados, - o sea nuestros abuelos en "taparrabos",- y que se podría
conservar como parque natural. (¡Dios lo quiera!).
Y precisamente es en este punto de la protección del medio dónde
más discutible parece la legalidad del proyecto que promueve la
urbanizadora, ya que su ejecución implicaría clasificar
la zona como suelo urbanizable al amparo de unas normas subsidiarias de
planeamiento de Barx que vulneran frontalmente la Ley de Ordenación
del Territorio de la Comunidad Valenciana., la Forestal, la del suelo
Urbanizable, la del Impacto Ambiental, etc.
Pero es que, además y desde otro punto de vista, resulta que
la urbanización supondría un impacto muy negativo en las
infraestructuras de la zona, ya de por sí precarias, al incrementar
en un 65% el área urbanizada de La Drova, -¡casi nada!-.
sobrecargando los ya deficitarios -o inexistentes- servicios de saneamiento,
teléfono, agua, luz, viales generales y otros, además de
la sobreexplotación de los acuíferos de la zona, ya de por
sí en situación precaria, y la probable contaminación
de los colindantes (Gandia, Xeresa) por las aguas residuales de la urbanización,
a las que, dicho sea de paso, en el proyecto no se da un tratamiento específico
y definitivo.
Para postre, parece ser que los nuevos vecinos "urbanizados", deberían
de enseñarse a volar, ya que el desnivel en los terrenos que se
quiere urbanizar, en algunos casos llega al 86%, lo que hace pensar que,
en concurrencia con las lluvias, a veces torrenciales, y con la previsible
alteración de los barrancos y torrenteras, también les obligaría
a enseñarse a nadar con soltura.
Y aún hay más, ya que aparecen más motivos de oposición
si vamos al aspecto sociológico del asunto. Por un lado, está
clara la innecesariedad social de la urbanización, -excepto para
los promotores, por lo que parece-, ya que no hay demanda alguna de viviendas.
Por otro, hay por lo menos 16 chalets en venta, además de 119 parcelas
edificables que serían suficientes para construir más de
300 chalets como los que se proyectan, razón por la que parece
clara la inviabilidad económica del proyecto y -lo que es peor-
la previsible paralización del mismo, después de haber destrozado
la montaña para nada, previsión fatídica que se ve
venir con certeza cuando pensamos que el coste de la urbanización
se calcula alrededor de las 6.000 ptas por metro cuadrado y va y resulta
que actualmente hay un montón de parcelas en venta en suelo ya
urbanizado a 2.500 y 3.000 ptas: ¿Quién comprará
en la nueva urbanización al doble del valor de mercado?. Será
una historia más de abandono del proyecto en fase de viales, como
ha ocurrido en otros lugares (Parpalló, casas del Algar...).
En definitiva y para decirlo rápido y con claridad, el proyecto
representa una filosofía de crecimiento urbano agresivo y destructivo
del medio ambiente, que pretende transformar radicalmente y de forma negativa
el hábitat de la zona -clima, paisaje, riqueza ecológica
y forestal.- consagrando el modelo de "pan para hoy y hambre para mañana",
frente a la idea tradicional de la Drova como zona residencial de baja
intensidad y de turismo respetuoso con el medio, todo ello deteriorando
la calidad de vida de los residentes y de los visitantes (ciclistas, campistas,
senderistas, montañeros) que valoran la zona como un auténtico
santuario del ocio al aire libre.
Y llegados a este punto, conviene recordar que, al contrario de lo que
afirma una brillante teórica de la "derechona" local, la propiedad
privada no es el derecho absoluto de hacer lo que a uno le venga en gana
con lo suyo (nadie puede quemar su coche en medio del paseo o construir
una torre de veinte plantas en el patio de casa), sino que el contenido
de este derecho es el que definen y acotan las leyes, y no otro. Gracias
a esto confiamos en que la normativa protectora del medio ambiente y la
movilización de los residentes, ciclistas, montañeros y
demás enamorados de la Drova, evite la catástrofe: ¡la
Drova no es de PHOEBUS, S.A. ni tampoco del alcalde de Barx; es de los
de la Drova y de los saforenses en general!.
Que así sea......
Joan Martí
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