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Gandia, ciudad del vado

Joan Martí
jmarti@guia-activ.com

Amable internauta:

A pesar de que en la ciudad desde de la que te escribo -Gandia, Valencia, España-, los estudios sobre la cosa de la sociología urbana proliferan con profusión y alegría (según se cree, en razón de las disponibilidades presupuestarias del Ayuntamiento y de las necesidades de proyección mediática del concejal de turno que haya de presentarlos en rueda de prensa preanunciada, anunciada, celebrada al fín y noticiada luego), al día de hoy ningún especialista del ramo se ha atrevido con el asunto de los vados y del prohibido aparcar que invade la ciudad y nuestras tristes vidas provocándonos kilos de infelicidad. Cualquiera que pruebe a aparcar a media tarde o a media mañana de un día laborable descubrirá rápidamente de qué le hablo: vados y más vados con señales y carteles amenazantes con el propio infierno (o con la grua, que es peor y cuesta diez mil pesetas, o más, amén de la multa).

Y es lo cierto que nos hallamos huérfanos de cualquier teoría general sobre el vado que, como de la suegra o del suegro, -un suponer- nos permita defendernos del fenómeno con alguna posibilidad de éxito. La valla y la línea amarilla nos masacran a conciencia cuando intentamos aparcar el automóvil en cualquier sitio y frente a ello no hay nada que hacer, salvo desesesperarse y ponerse de los nervios.

Tentado estoy incluso de sugerirles a los grandes del pensamiento de moda, Gidens y Zaplana a lo que parece y cuentan los periódicos, -aunque según las malas lenguas tienen dificultades con las cuatro reglas-, que aborden el asunto y la problemática por ver si con sus potentes cerebros encuentran alguna escapatoria.

Es el caso que el vado se ha incorporado a nuestra cotidianidad con insultante descaro y desparpajo, amenazando con apoderarse de todas las plazas de aparcamiento que un día fueron libres, hasta de las de la ORA si se tercia.

La ciudad y sus calzadas son un enorme vado; un prohibido aparcar por aquí y por allá. Vado permanente por cocheras, de veinte como de dos plazas, concedido al usufructuario previo pago de la correspondiente bula; vado por sitios reservados a los minusválidos, tal vez más de cien mil en la ciudad, a juzgar por el número de reservados; vado en zonas de carga y descarga; vado por zonas amarillas con líneas y aspas -o sin aspas, según el gusto del empleado municipal autor del graffitti- y motivo inextricable; vado por el amarillo de los cinco metros en cada esquina; vados móviles, simpáticos, dinámicos y salseros, acotados por señales puestas al tun-tun a gusto del consumidor; vados para los contenedores de basura comunes o vulgares, con sus correspondientes cuadros reservados, inamovibles y pegados al suelo, aunque nunca se hallen aquellos en el sitio, y que se cuentan a miles; vados reales originados por la presencia física de los susodichos contenedores desplazados de su sitio como si huyeran de ser cazados e izados al camión de las/la Koplowitz; vados para los contenedores, también de basura pero elitistas, o sea para cristales, cartones y otras basuras especiales o nobles -parece que la capacidad de producir basura especial o cualificada es directamente proporcional a la necesidad que tenga el concejal responsable de inaugurar los distintos tipos de contenderos, tambien especiales, que la contengan-; vados por obras y chapuzas varias que duran una eternidad y que causan furor en este tiempo preelectoral en el que una curiosa fiebre de peatonalizaciones, desescombros y derrumbes ataca a la ciudad con saña; vados por fallas, por último, que florecen allá por San José -y en otras épocas del año- cuando medio millón de falleros -o más- cortan las calles a discreción para organizar tremendas orgías de cohetes, truc y burret. Vados de diverso sexo y condición, en fin.

El caso, y no es ninguna broma, es que existe una Comisión Especial de Aparcamientos en el organigrama municipal que a lo mejor un día de estos encuentra alguna solución inteligente para el problema y nos la cuenta. (Amén!). Si tu, querido internauta, das con alguna fórmula, apúrate y llama al Ayuntamiento que igual dan algún premio. Pues eso, un saludo.

Joan Martí



 

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