| Amigo internauta:
El Pentágno bautizó la agresión a Irak con el cinematográfico
nombre de Operación Zorro del Desierto. No es probable que el nombre
tenga algún significado, siquiera sea cabalístico o esotérico,
al que podamos acceder los pobres telespectadores de este nuevo espectáculo,
de esta nueva barbarie. El zorro es animal taimado y artero que busca
el engaño del otro en su provecho. Si pensamos que el raposo es
William Clinton, hay que suponerle zorro con pocas luces y bastante burdo
por su forma de actuar un tanto simple: pego unos tiros y desvío
la atención de mis problemas con la bragueta.
En todo caso, repugna al sentido común que una sociedad mundial
que proclama la democracia y el derecho, y que incluso demoniza a ciertos
paises por su comportamiento en materia de derechos humanos, tolere esta
burla al Derecho Internacional y a todos los derechos conocidos, este
matar por matar. ¿Tienen los irakies, civiles y niños, derechos
humanos?
Que los humores de un tipo, directamente derivados de su situación
personal y de un simple lío de faldas o de un cunilingüs extramatrimonial
mal resuelto, puedan desencadenar la agresión a un país
y el asesinato de parte de sus habitantes, da que pensar en qué
mundo de locura estamos instalados. Que ello además lo bendiga
el tal Toni Blair, predicador de la enésima tercera vía
y todo eso, nos situa al borde la incredulidad y sólo nos lleva
a sonreir, ya sin sorpresa, cuando también lo justifica el Sr.
Matutes añadiendo que "los españoles lamentan el sufrimiento
del pueblo iraki". (No sabe Vd. bien, Sr. Ministro, la de cosas que lamentan
los españoles). Sin embargo, ello sólo demuestra que la
historia y el mundo es de quienes pueden contarlo, -y televisarlo-, porque,
como ya cantó Bob Dylan, para estos asesinos de los B52 y de los
Tomahawk de a millón de dólares, la guerra es justa porque
"Dios está de nuestra parte", siendo improbable que los pobres
irakies tengan Dios alguno a quien encomendarse.
Un amigo en amable charla me recriminó hace unas semanas que
comparara a Clinton con Pinochet con ocasión de un debate en una
televisión sobre los Derechos Humanos. Aclarándole que o
me había entendido mal o yo no me había sabido explicar,
le dije que no había tal comparación, sino que había
tratado de razonar, simplemente, que el procesar y condenar a un genocida
dependía de quien tuviera la fuerza para poder hacerlo: que la
Ley sólo puede aplicarla -y definirla- aquel que tiene la fuerza
para hacerlo y que, en este caso, la Comunidad Internacional podía
atreverse con el viejo general asesino chileno, pero que tal vez no ocurriera
lo mismo si se tatara de un tal Clinton, como jamás se atrevió
con los genocidas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki y aquellos centenares
de miles de vidas del sol naciente; genocidas que eran americanos y, por
supuesto, tenían a Dios de su parte... Es seguro que ahora mi amigo
habrá comprendido a que me refería, salvo que pretenda justificar
la agresión acometida por el "Usapresident", lo cual, conociéndole,
creo poco probable.
La cosa es que contraviniendo la Carta de las Naciones Unidas y todos
los principios conocidos del Derecho Internacional, sin autorización
de la ONU, y porque, -según dice-, sus asesores sospechan que en
Irak hay armas químicas y proyectos de armas nucleares, el tipo
decreta el bombardeo del país y, colateralmente y para llevar el
terror a la población, también el de áreas urbanas
de Bagdad. ¿Hará lo mismo con Rusia, Inglaterra, Francia,
Israel, Alemania y China que tienen las mismas armas en cantidades industriales?.
Pues... al tiempo. Tal vez estemos entrando en la era del Gran Hermano,
cuando del Derecho Internacional desparece el principio de soberanía
para instalarse el de la injerencia por mis... pistolas, cuando un país
de panzas repletas de fastfood y patrioterismo barato de telepredicador
y encuesta reivindica y ejerce el derecho a gobernar el planeta a ritmo
de bomba canturreando el estribillo de Dylan y aplaudiendo a un estúpido
pillado in fraganti en leso crimen de alcoba... Desde luego, la realidad
comienza a superar la fabulatoria de Orwell. Añado que ya algún
brillante analista europeo poco sospechoso de izquierdista ha comenzado
a ver paralelismo con el fenómeno del nazismo.
Cuando desde hace años diariamente mueren centenares de niños
irakies por el embargo y la población civil pasa penalidades sin
cuento, difícilmente podemos aceptar el "show entertainment" de
la CNN, aunque nos lo proponga la misma Jane Fonda u otros valedores del
Presidente demócrata frente a la furia reaccionaria de los republicanos.
Ya por liberales y progresistas nos resultó indiferente que el
tipo fuera un "pelila floja". Por comprensivos con la naturaleza humana,
llegamos a aceptar que fuera mentiroso como un adolescente. Pero cuando
la estupidez le lleva al asesinato en masa (se ufanan en que sólo
fueron entre 600 y 1000 los muertos civiles) entonces ya no se lo podemos
aceptar, puesto que la vida de cualquier niño irakí de los
que ya nunca verán el sol vale tanto como la de su querida Chelsea;
la de cualquier madre que ve morir a sus hijos malnutridos tanto como
la de su engañada Hilary y, por supuesto, la de cualquier beduino
irakí anónimo enterrado en las arenas del desierto por la
tecnología de la muerte, tanto como la de este reprimido sexual
instalado en la locura más asombrosa y jaleado por las encuestas
chovinistas del analfabetismo funcional made in USA.
Mejor, como rezaba una pancarta en el Líbano, "Clinton go see
Mónica" - "Clinton, ve a ver a Mónica"-, ya que tal vez
una relación más fluida con la Lewinsky pudiera calmar a
este zorro del desierto, asesino y un poco estúpido que ahora sí
que ha hecho méritos más que suficientes para "impeacharlo"
a perpetuidad, al menos en la conciencia de cualquier persona de sentido
común y amor a la vida...
Joan Martí
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