| Querido internauta:
Parece cosa de ciencia ficción, pero así es. Estamos en
el 2005. J. Mª Aznar es Presidente del Gobierno, reelegido por segunda
vez, y las está pasando canutas el hombre. El Rey vaga como alma
en pena por los pasillos de la Zarzuela embutido en uniforme militar de
Capitán General, a lo Fidel Castro.
Recuerdo hace unos seis años lo que pensaba de esto de las guerras
la gente progresista. Fue cuando la invasión de Yugoslavia. Entonces,
los intelectuales orgánicos del sistema y muchos articulistas y
escribidores a sueldo, en divertido acto de ilusionismo intelectual, hicieron
floritura teórica para justificar las bombas sobre Serbia y la
metralla sobre los puentes de Belgrado, sobre sus fábricas y sus
estructuras de servicios civiles. Todo tenía explicación.
Se teorizó que todo valía para detener a Milosevic y para
evitar el genocido de los kosovares. Esa fué la consigna. El aparato
mediático hizo el resto. Se olvidó la Carta fundacional
de la ONU, los principios de no injerencia y de arreglo pacífico
de las controversias internacionales y regresamos de golpe al paradigma
conceptual del siglo XIX en esa zarandaja del Derecho Internacional. Ahora,
las armas y el derecho de conquista debían definir la organización
territorial, social y política del mundo. Los cuatro gatos más
izquierdosos y recalcitrantes, se quedaron solos predicando en el desierto.
Y el debate quedó claro y resuelto. Porque si la SER y la COPE,
EL MUNDO y EL PAÍS, Antena 3 y Telecinco querían lo mismo,
entonces no había debate y el resultado estaba cantado: Los burros
podían volar, y las ranas lucir mostacho. La realidad se había
hecho virtual y la maquinaria militar había conquistado su mejor
objetivo: las mentes de los sufridores en casa. Aún así,
pese a la "opinión publicada", la opinión pública
estaba dividida mitad y mitad, pero ello no importaba ya que, obviamente,
no podía declararse media guerra ni firmarse media paz.
Recuerdo que la "intervención" a Yugoslavia concluyó con
la rendición de Milosevic y los suyos, aunque en el camino finaron
60.000 soldados "aliados", 4.300 de ellos españoles, del Tercio
casi todos, además de 85.000 que resultaron heridos y algunos lisiados
de por vida. Serbios murieron 200.000, lo cual vino a confirmar la supremacía
tecnológica occidental sin ningún género de duda
y supuso buen marketing para la industria del ramo que en la Bolsa subió
como la espuma. Después vino un periodo de "Pax Americana". Y la
american-way-life se extendió sin cesar, si es que extenderse más
podía, por países, regiones y mercados.
El ciudadano Gates nos puso un PC a cada uno en casa, con e-mail, videoconferencia,
chat, grupos de news y todo eso. Y en la España que, ahora sí,
ya era occidental y se había incorporado a Europa sin complejos,
se jaleaba el temple del gobernante derechón últimamente
centrado y que se hacía llamar el Tío del Bigote: "Hay que
ver cómo ha jugado las bazas de España en la crisis y ha
sabido respaldar a Clinton y codearse con la crema internacional de los
estadistas. Entre todos han puesto al Milosevic en su sitio, como en el
chiste de Gila. (Ví que entre tres le estaban pegando a uno una
paliza enorme y me acerqué... y.. entre los cuatro lo pusimos nuevo...).
Y de Solana ni te cuento. Un auténtico paladín de la defensa
de los valores del Occidente y de Europa", -Se comentaba en los bares.
Pero nunca la dicha dura cien años y un día, allá
por el 2.004 y ya vigente el euro, la cosa comenzó a complicarse.
Los malditos franceses, con eso lo de los cupos agrícolas y los
fondos de cohesión comenzaron a volcar camiones, y Jospin, mudo
por cierto cuando lo de Yugoslavia, tuvo que contentar a los agricultores
franceses y cuidarse de las encuestas que le amenazaban las elecciones
de la vuelta de la esquina, así que permitió todo el aquelarre
camionil y más que le hubieran pedido. Y viajar por Francia con
matrícula de Almería llegó a ser tan peligroso como
atravesar el mismo infierno en patinete. Los agricultores españoles
y los camioneros también se movilizaron a la recíproca y
comenzaron a hacer lo propio con los camiones franceses. Nunca el clima
anti-gabacho había sido tan fuerte en el país, ni siquiera
cuando la invasión de Napoleón y Pepe Botella.
Sin embargo para antipatía buena la que nos dió por tamarle
a los ingleses a cuenta de lo de Gibraltar. Ocurrió que Matutes,
de matute y después de cerrar La Verja, pretendió bloquear
el aeropuerto de La Roca, aduciendo que cuando lo del tratado de Utrecht
parece que no había aeropuertos (ni tal vez aeroplanos, salvo algún
artilugio del genial Da Vinci), lo que llevó a los "llanitos" a
los demonios directamente y a sus líderes al belicismo antiespañol
declamado en spanglix con declinación andaluza. Entonces, como
la cosa se caldeaba, el mundano Blair envió unos paquebotes de
la Royal Navy hacia las Columnas de Hércules: Al fin y al cabo
él era más amigo de Clinton que el colega Aznar. Y dio en
ocurrir lo que desde hacía treinta años cualquiera pudo
a y sin embargo no oyó el Mayor Oreja del reino: ¡Los vascos,
estúpido los vascos! (como dicen que, le espetaron al candidato
a Presidente americano en la célebre anécdota en eso de
la economía).
Y los vascos la liaron. Porque el proceso de paz se había atascado
y la kalea borroka se atascó con él y cada día se
parecía más a la intifada. Y el antagonismo del bloque nacionalista
contra el bloque nacional, y a la inversa o viceversa, devino insalvable
y el conflicto irresoluble. Y cuando la kalea se extendió, comenzó
a parecerse a la guerrilla urbana a pleno día. Y cuando eso sucedió,
el Tío del Bigote ^pequeño, pero con nervios de acero-,
decidió que la Policía Nacional asumiera las competencias
de la Ertzaina, como la Constitución autorizaba, según Fraga.
Y así que las cosas fueron a más, y ETA rompió la
tregua y se fue al monte y comenzó a nutrirse de jóvenes
de la borroka y al abrigo de La France, sumida a la sazón en música
de acordeón y Marsellesa contra la España castellana y ruda
de Indíbil y su medio hermano Mandonoio, renació eso del
santuario francés y aquello de los partisanos vascos. Y el Tío
del Bigote perdió un poco los nervios y dijo que envidaba, siendo
el caso es que no llevaba ni dos del mismo palo, y mandó a los
del Tercio fogueados en Yugoslavia a pegar tiros a los Pirineos. Y entonces
ETA, según Inglaterra y Francia, ya en política y concepto
internacional pasó a ser el Ejército de Liberación
del Pueblo Vasco. Y los del bloque nacional cerraron filas con el Tío
del Bigote, y todos concluyeron en que si llevaban tantos años
los vascos jodiendo, buena idea sería que se fueran de España,
aunque sólo con lo puesto, o sea, con la txapela y la nariz ganchuda.
Y cuando el Ejército entró en Bilbao, hubo algunos excesos,
como en tiempos del Innombrable. Y un Blair exhaltado comenzó a
hablar del "genocidio del pueblo vasco", a lo que le dio coba y bola al
principio el mismo Jospin y luego otros gobernantes occidentales y aliados,
por ejemplo el turko, y hasta el Hasan. Y ahí se montó la
de Dios es Cristo, porque el odio comenzó a circular de Burgos
a Bilbao y de Bilbao a Burgos bajando y subiendo el Escudo. Y la España
de las 15 regiones, con la indiferencia del Principat, se puso en guerra
santa contra Europa por un quítame a allá esos vascos. Y
vinieron los avisos y las amenazas, y el Eisenhower y el Invencible pusieron
máquina hacia el Estrecho, y al cabo de unos días los Tomawahuk
comenzaron caer sobre los Llanos en Albacete, Manises, Viator, Morón,
etc. Y algún misil se perdió en la nuclear de Cofrentes,
que decía la CNN que se usaba para cosas militares. Y entonces
vino la catástrofe: Por error, un piloto venido desde Aviano fosilizó
un colegio en Leganés, el tren Gandia-Valencia se evaporó
de un pepinazo, en Madrid sonaban las sirenas antiaéreas y en unas
semanas nos quedamos sin AVE, sin Antena 3 ni Telecinco, sin luz en muchas
zonas y sin gasolina en todas y entonces ya quien más y quien menos
tenía su ración de familiar, vecino o amigo muerto o herido.
Ahora, mientras hago esta rememoranza, pesco en la BBC que la OTAN duda
si entrar en España por Portugal o hacerlo por los Pirineos, y
vaticinan los sesudos analistas del W. Post que, en todo caso, el objeto
es que el Tío del Bigote deje el poder y que los vascos vuelvan
a Etxarri-Aranatz, garantizando ello una fuerza de paz internacional bajo
el patrocinio de la OTAN. Y aunque estoy que me cisco de miedo cuando
suenan las sirenas, me confortan los pontificantes editoriales de EL MUNDO
y EL PAIS exigiendo el respeto a la Carta de las NU, el principio de no
injerencia y todo eso. Pero cuando llego al éxtasis del confort
es con los valientes artículos de mis columnistas preferidos denunciando
la agresión a nuestro país, libre y soberano y las injerencia
en nuestros asuntos internos, al tiempo que piden el diálogo para
solucionar los contenciosos políticos por la vía pacífica
evitando la muerte y el sufirmiento.
Por cierto, no os cuento donde está ahora Solana porque seguro
que me diríais fabulador.. Tal vez en otro capítulo os cuente
donde se halla ahora este santo hombre con aire de benedictino.que hace
el bien sin mirar a quien. De Milosevic sí que os puedo decir que
el tío está de vacaciones tan divinamente en un balneario
del Adriático, recordando sus orgías de kosovares al amparo
de los términos del armnisticio y jugando al chamelo de tarde en
tarde con un tal Hussein, un vejete ya jubilado que llegó a ser
mandamás de un país llamado Irak.
Joan Martí
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