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No sé cómo pueden decir que es un juego aburrido. A mí
me parece apasionante del todo. Un juego. Esa es otra. Porque para mí
el ajedrez es un juego, no un deporte. Yo entiendo como deporte todas
esas competiciones en que debes ejercitar el cuerpo mucho más que
la mente. Si no sudas, es que no es un deporte. En cualquier caso, me
parece pura emoción. Es un espectáculo glorioso donde pueden
competir desde jóvenes hasta ancianos pasando por ordenadores como
Deep Blue. ¡A ver que deporte puede ofrecer eso! ¿Cómo
pueden decir que aquella partida de 1984 entre Anatoli Karpov y
Gari Kasparov que duró seis meses puede ser aburrida? ¡Que
lucha de titanes por dominar los tableros del planeta! ¡Pero si
la rivalidad de estos dos monstruos, de estos dos fenómenos sobrenaturales
llegó incluso a causar un cisma al dividir al mundo del ajedrez
en la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) y la Asociación
de Ajedrez Profesional (PCA)! Debes estar hecho de una pasta especial
para proclamarte campeón del mundo.
El dominio de los competidores ex-soviéticos sobre el resto del
mundo es aplastante. Se ve que en Europa del Este los niños en
vez de jugar a la pelota en las gélidas calles llenas de nieve
optan por quedarse en casa jugando al ajedrez con la calefacción...
Si no, no me lo explico, la verdad. Aunque maestros los ha habido de todos
sitios (Wilhelm Steinitz, Emmanuel Lasker, Mijail Botvinnik...)
Se echa en falta ver de nuevo a campeones hispanos al estilo del mítico
José Raúl Capablanca; ojalá que el español
Alexei Shirov gane alguna vez un título mundial para nuestra
patria. Por cierto, resulta curioso que habiendo nacido el ajedrez en
la India sólo el indio Viswanathan Anand haya conseguido
conquistar el título de campeón mundial para su país.
El ajedrez debería impartirse como clase en las escuelas porque
enseña a pensar y eso es fundamental en el desarrollo personal
y profesional de cualquier individuo. Eso es mucho más útil
que ir dando botes como si fueras una rana en Educación Física
o hacer la voltereta; ¡todo eso no me ha servido en la vida para
nada! El ajedrez tiene un gran poder; el de despertar las mentes dormidas,
tal vez por eso el ayatolà Rudollah Jomeini o los Talibanes
Afganos lo prohibieron. Sólo los grandes maestros pueden dominarlo.
Anand cree que para descollar en el juego necesitas una gran mezcla
de memoria, cálculo, disciplina e instinto; todas las cualidades
que un dictador teme en los otros.
Josue Damia Ferrer i Ortells.
jdferrer@ozu.es
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